Amor sin edad ~ Capítulo 1

Amor sin edad 
Hacía ya un par de minutos que estaba allí parada, en el aeropuerto de la ciudad a la que hacía un par de años había pertenecido y de la cual guardaba vagos recuerdos pero, solo uno importante, aquella amiga que jamás olvidaría, a la que esperaba en medio de aquella multitud de gente que iba y venía sin notar su presencia. Cuando por fin se había decidido por utilizar aquel teléfono público para llamar a quien esperaba, escucho una voz que para sus oídos era más que familiar…
_ Ivette! – gritaron desde ese mar de gente, al voltear logró distinguir a una hermosa muchacha de rubios cabellos y ojos azules al igual que el mar que se dirigía a ella, sin duda era Lily-Rose, al verla después de tantos años, hizo un flashback hacia aquellos días en que lo único importante era jugar a las muñecas con el padre de aquella niña que imitaba voces en su afán de sorprenderlas, aquellos tiempos en que ella vivía frente a la casa de Betty-Sue, la abuela de Lily, y en que cada visita era motivo de bromas hacia Jack que era mas pequeño que ambas, todo color de rosa hasta que al padre de Ivette lo transfirieron a Italia y en contra de su voluntad tuvo que despedirme de aquella amiga que era mas que eso para ella pero, esos eran solo recuerdos, ahora por fin, luego de diez años después de su último juego juntas la tenía en sus brazos – Cómo has estado? No sabes cuanto te extrañé! – dijo Lily – Rose agitada sin soltar a Ivette. Ella obviamente no pronunció palabra alguna, la emoción que la invadía en aquel momento era un obstáculo para que fluyesen las palabras, las cuales de todas maneras, estaban de mas, en aquel fuerte abrazo se dijeron todo lo que no podían – Espera a que mi padre te vea – hizo una pausa – Que Jack te vea – terminó por decir fingiendo una sonrisa. En aquella pausa recordó a su mamá, ella se había separado de su padre hacía ya un año y a pesar de que lo había terminado por entender, aún la lastimaba ligeramente; Ivette prefirió no mencionar nada durante el camino, mas aún que su padre había empezado a salir nuevamente con una ex novia que no era mujer de fe ni para Jack ni para Lily – Rose. Luego de una hora de camino en el auto de Lily, llegaron a la casa de los Depp, ubicada en el corazón de Francia, una hermosa y acogedora casa, en la cual las esperaba una mujer de cabellos blancos en la puerta…
_ Ivette? – preguntó la mujer acercándose – Realmente eres Ivette? – preguntó una vez mas acercándose a ella mientras Ivette abría cada vez mis ojos, lo que denotaba el esfuerzo que hacía por recordarla – Soy Luisa, no me recuerdas? – preguntó con una sonrisa triste en sus labios. En aquel instante apareció su imagen en la mente de Ivette, aquella mujer que había preparaba las famosas galletitas con leche durante la infancia, cada tarde luego del termino del juego con Lily – Rose y Jack.
_ No puedo creerlo! – dijo Ivette emocionada a la vez que soltaba su mochila para correr a los brazos de aquella mujer que ansiaba por preguntarle que había sido de ella – No puedo creerlo! – repitió Ivette, aún no podía creer que se encontraba nuevamente en aquella calle que había sido testigo de las travesuras infantiles.
_ Es mejor que vayas a instalarte – dijo Luisa secándose el par de lágrimas de emoción que habían salido sin permiso – Luego bajan a comer algo – dijo ella como si aún las muchachas tuvieran ocho años. Lily – Rose le ayudó a Ivette son su otra maleta, subieron a la habitación para visita, guiadas por Lily.
_ Estoy muerta! – dijo Ivette tirándose rendida en la suave cama que estaba destinada para ella – Pero se me ocurre algo – dijo Ivette acompañando a sus palabras aquella sonrisa pícara que la caracterizaba.
_ Ay no! Eso es igual a meterse en problemas – dijo Lily-Rose recordando los mil y un aprietos en que se metieron de niñas cada vez en que Ivette terminaba por decir aquella frase.
_ Es noche de entierro – dijo Ivette sonriendo a la vez que se sentaba en la cama junto a Lily- Rose – Es mi primer día aquí y quiero divertirme – agregó Ivette emocionada.
_ Ni lo pienses, mi padre no nos dejará salir – decía Lily-Rose – Siquiera es fin de semana – agregó ella.
_ Ay tu padre! – se quejó Ivette – Sigue igual de aburrido, creí que había cambiado, en sus películas se ve tan – hizo una pausa para olvidar la palabra que realmente quería decir – divertido – dijo ella – Es tan chapado a la antigua – replicó Ivette.
_ Y no voy a cambiar aunque lo pidan – dijo el padre de Lily – Rose apareciendo de pronto en la puerta de la habitación.

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