El amigo de mi hermano ~ Capítulo 6

El amigo de mi hermano 
_ Estás seguro que no quieres cenar en mi apartamento? – fue lo último que oí por parte de aquella rubia que me parecía tan lejos de la naturaleza con los protuberantes pechos y la espalda muy arqueada como si tratara de levantar lo ya evidente. Me retumbaba aquella voz en los oídos camino a mi habitación pero, era porque me resultaba chillona o, en realidad era envidia por su cercanía con Johnny? Esto último sería una idea nada extraña pues al verlo reviví aquellos dulces recuerdos de infancia donde él era mi amor platónico y, debo confesar que no desaproveché la oportunidad en la cocina para coquetear con él. Por un momento sentí que era correspondida pero, preferí quitar aquella idea de mi mente, tomando en cuenta que la mirada de Johnny lograría confundir a cualquiera cuando esta se veía acompañada de su sonrisa.
No tardé mucho en bajar con el pijama ya puesto. Los tres estaban terminando de colocar los platos en la mesa y aunque en primera instancia me sentí incómoda con la mirada de Johnny, opté por olvidarla al ver la familiaridad con que era tratado. Al sentarnos a cenar empezó una larga fila de preguntas y respuestas, había mucho de lo que yo no me había enterado en mi ausencia y mucho de Londres que ellos querían saber y, entre tanta conversación la noche se hizo corta. Johnny tuvo que marcharse y cada quien se fue a dormir.
Al colocar la cabeza sobre mi almohada, una sonrisa se dibujó en mi rostro al recordar cada gesto del amigo de mi hermano, cada respuesta dada que resultaba fuera de serie o la forma en que entrecerraba los ojos cuando las risas se escapaban de su garganta. Sí, completamente enamorada, una vez más.
Al despertar no encontré mucho por hacer, excepto reemplazar las cosas que me resultaban sumamente infantiles por los objetos que había traído en mi maleta. La ropa podía aguardar a ser desempacada, ahora solo necesitaba la suficiente como para cambiarme el pijama y estar lista para cuando Johnny llegara a recogerme o por lo menos eso pensé con gran ansiedad, debo admitir.
_ A dónde vas? –preguntó mi hermano en el momento en que me crucé con él en el pasillo – Si esperas a Johnny, no puede venir – indicó justo cuando cerré la puerta de mi habitación. Lo observé en silencio esperando la explicación que estaba por llegar aunque, no me importaba mucho, el solo hecho de que Johnny no me hubiera llamado a disculparse me tenía sumamente irritada aunque lo disimulaba muy bien – Tiene que salir con Karen a…- se calló al darse cuenta de que yo no era la persona idónea para que concluyera la verdadera frase – No podrá venir – agregó.
_ En realidad, estaba por ir a tu habitación –indiqué rápidamente para no sentirme humillada ante el hecho de que acababa de ser plantada – Johnny me habló ayer de un trabajo de un amigo que necesitaba una camarera en su café, es amigo tuyo también.
_ Claro! – exclamó Julian entusiasta – Vamos, te acompaño, hace mucho que no lo visito – indicó regresando a su habitación para cambiarse. Salí con él a los pocos minutos y aunque, aquella visita al café la había imaginado diferente pues me veía caminando junto a Johnny, fue especial pues hacía años que no compartía una hora de mi tiempo con mi hermano. Llegamos al café y no tardé mucho en conseguir el empleo, bastó con presentarme como la hermana de Julian para que me lo dieran. El dueño era una persona mayor pero que actuaba de manera muy jovial a pesar de ello. El y Julian conversaron durante unos minutos y luego nos marchamos con la promesa de que él regresaría para terminar la plática. Al llegar a nuestra calle mi hermano me dejó en la esquina de la misma, al parecer estaba apurado y al acompañarme solo había conseguido retrasarse, fue por ello que no puse objeción cuando se marchó. Crucé y luego de unos minutos en que había entrado a la casa tocaron el timbre, recordé que al estar sola en casa nadie mas que yo debía ver de quién se trataba…
_ Julian no está – indiqué con una sonrisa leve, como si nada hubiera sucedido.
_ Bueno, entonces regreso por la noche – respondió – Nos vemos – se despidió dejándome boquiabierta. Es que acaso no recordaba que me había dejado plantada? Es que acaso no notó la ironía y sarcasmo en el tono de mi voz? Es que acaso era un idiota? No lograba entender.

1 comentario:

Gracias por leer...

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