Amor sin edad ~ Capítulo 34

Amor sin edad 
Al instante en que aquella puerta se cerró, Ivette cayó derrumbada al piso, era como si mil puñales le atravesaran el pecho, no podía creer que todo lo ocurrido hubiera sido en vano, que aquel sueño vivido se hubiera destruido en mil pedazos por ser uno de cristal y pasajero pero, en vano era ya llorar, lo preferible era colocar las ropas en su maleta y así esperar a que terminara rápidamente el día para poder salir lo mas rápidamente posible de aquella casa que tantas alegrías y tristezas le habían traído a la vida, tantas emociones vividas por una sola persona que ahora se negaba a decir las cosas tal cual eran, por miedo a quien sabe que…
_ Es cierto que te vas? – preguntó Lily Rose entrando abruptamente a la habitación con los ojos humedecidos cortando los pensamientos de Ivette, quien solo observó unos segundos a Lily Rose sin dar respuesta alguna pero luego continuar guardando la ropa en la maleta – No te puedes ir! – gritó Lily Rose tirando a un lado la maleta – Mi padre no había estado tan contento con una mujer desde que se separó de mi mamá – decía Lily Rose – Y esa sonrisa se debe a ti, qué no lo entiendes? – le preguntó Lily Rose a Ivette pero, esta parecía estar en otro mundo pues no le tomó importancia a las palabras de su amiga, solo atinó a tomar la maleta una vez mas y guardar la ropa tal como lo estaba haciendo antes de que entrara Lily Rose a la habitación – No me escuchas? – gritó Lily Rose tomando por los brazos a Ivette que estaba como ida después de lo sucedido con Johnny.
_ Lily Rose – dijo Ivette – Déjame terminar de empacar – fue lo único que dijo antes de soltarse de su amiga que estaba totalmente confundida por su actitud.
_ Haz lo que quieras. Solo espero que luego no termines arrepintiéndote – dijo Lily Rose antes de salir de la habitación de Ivette tirando un portazo para que reflejara lo molesta que estaba con ella, sin entender que la causa de todo era la actitud de Johnny, mas no el de Ivette.
Las horas transcurrieron lentamente, quizás con la esperanza de que Johnny atravesara la puerta de aquella habitación para decir lo que Ivette esperaba oír pero, todo quedó en una simple esperanza pues, Ivette cayó rendida en su cama para dormir, sin notar que unos instantes después Johnny abrió sigilosamente la puerta pero solo para observarla unos segundos, y luego irse a tratar de conciliar el sueño que tanto le faltaba.
La mañana llegó esperando que el padre de Ivette apareciera, tal como este había avisado un día antes, Ivette ya estaba esperando en la sala con sus maletas, conversando con Jack pues Lily Rose no quería despedirse y Luisa trataba de despertar a Johnny…
_ No tienes por que irte – trataba de convencer Jack a Ivette – Ya eres mayor, tú puedes decidir eso – dijo Jack.
_ Creo que es lo mejor – contestó a penas Ivette pues parecía que le doliera el hablar – Quiero evitar problemas y evitárselos a tu padre también – dijo ella.
_ A mi papá? Pero si él…- decía Jack.
_ Veo que ya estas lista – dijo Johnny interrumpiendo a Jack a la vez que bajaba las escaleras – Me dejas a solas con Ivette por favor? – le preguntó Johnny a Jack.
_ Claro. No! – contestaron respectivamente Jack e Ivette.
_ Quiero hablar contigo – le dijo Johnny a Ivette pero, en ese instante tocaron la puerta de la casa, todos quedaron en silencio un par de segundos, esperando a ver quien se atrevía abrir la puerta.
_ No se peleen – dijo Luisa – Voy yo – agregó sarcásticamente. Al abrir la puerta, se encontraron con el padre de Ivette, quien no tenía exactamente la expresión de agradecimiento a Johnny en el rostro, mas bien, al verlo, se acercó lentamente para luego golpearle con un puñete en el rostro, haciendo que Johnny cayera al suelo pues lo tomó por sorpresa…
_ Qué haces? – gritó Ivette abalanzándose sobre su padre para detenerlo en caso pensara golpear una vez mas a Johnny.
_ Te pedí que cuidaras a mi hija, no que te acostaras con ella – gritó con odio el padre de Ivette a Johnny que tenía su mano sobre el labio tratando de contener que saliera la sangre después del golpe dado. – Sube al auto – le dijo su padre a Ivette pero ella no le hizo caso, corrió a Johnny que aún estaba en el suelo.
_ Estas bien? – le preguntó ella observando fijamente aquellos labios que un par de días atrás la habían llevado al mismísimo paraíso con el tan solo saborearlos.

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