Mi profesor ~ Capítulo 13

Mi profesor 
_ Estás loca! – le gritó Johnny antes de que ella cerrara la puerta. El joven oyó como es que su novia su marchaba en el auto, recién reparaba en el vehículo pues al entrar no lo había notado. Prefirió olvidar aquella absurda discusión pues su mente estaba totalmente ocupada en su alumna, aquella muchacha que se refugiaba en los comentarios hirientes para ocultar su soledad a causa de los malos tratos del padre.
A la mañana siguiente salió de su cabaña rápidamente, olvidando el pañuelo de Rose sobre la mesa del comedor. Cuando llegó al internado se encontró con que su prima y amigas habían sido castigadas pues habían descubierto que habían sido ellas quienes durmieron al personal para que Anna pudiera escapar. Deberían de hacer trabajos extras durante un mes en el área de cocina y jardinería. Las quejas de las muchachas al llegar al dormitorio y los lamentos por no poder disfrutar sus horas libres en la escuela terminaron por cansar a Rose así que esta optó por salir al jardín para sentarse bajo la sombra de uno de los árboles de allí.
_ Rose – dijo Johnny en tono dulce apareciendo junto a ella.
_ Me asustó – murmuró ella exaltada al encontrarse a su profesor sentado a su lado – Seguro el director ya le contó todo y viene a hacerme reproches.
_ En realidad quería saber cómo te sentías.
_ No finja conmigo – respondió Rose – Usted deber pensar igual que los demás, que soy un monstruo – añadió luego de hacer una corta pausa.
_ Debes admitir que tú misma te encargaste de hacerte esa fama…
_ Todos los adultos siempre dicen lo mismo – interrumpió Rose en tono sarcástico.
_ Todos cometemos errores, Rose…Lo bueno es aceptarlos – concluyó Johnny. La alumna dirigió su mirada por un par de segundos al profesor que esperaba alguna palabra por parte de ella pero solo pudo observar como las lágrimas empezaban a hacer su aparición.
_ Me siento muy mal por lo que hice, soy una estúpida!
_ Mira, personalmente, no soy de juzgar a las personas – murmuró Johnny colocando su mano sobre el brazo de la muchacha – Solo espero que esas personas aprendan de esos errores para que no los cometan en el futuro – añadió. Rose volvió su mirada al maestro una vez mas en el mismo instante en que este sonreía para calmarla – Y debes ir a clases, no te busques más problemas – indicó antes de pararse para regresar a su oficina. La muchacha limpió sus lágrimas y mientras pensaba en las últimas palabras de Johnny caminó hasta su salón donde ya se encontraban sus amigas. Marta estaba por hablarle al ver los ojos vidriosos de su amiga pero fue interrumpida por Diana…
_ Debes estar muy contenta, Rose – dijo ella – No te bastó con drogar a todo el personal del internado ni con ser una cualquiera por besar al profesor, ahora también dejaste paralítica a tu amiga – agregó en tono burlón secundado por las dos muchachas que siempre iban con ella. El silencio en el aula se convirtió en murmullos cuando la joven hizo esta acusación.
_ Qué estupidez estás diciendo? – increpó Marta acercándose a ella de forma amenazante – Contesta!
_ No me grites! Es la verdad – aseguró Diana – Oí cuando el padre de Anna hablaba con el director. No dormirá mas con ustedes porque necesita un “ambiente especial” – continuó con aquel tono burlón – Bravo, Rose – decía mientras aplaudía – Ahora sí que te excediste eh! Con amigas como tú, para qué enemigas, verdad? – concluyó. Rose no pudo mas al sentir las miradas inquisidoras sobre ella así que huyó mientras sus amigas la seguían.
_ Rose! – la detuvo Marta con la voz quebrantada a causa de la noticia – No te sientas culpable, nosotras no hicimos nada! Cálmate – decía ella abrazando a su compañera – Vamos a buscar a mi primo, él sabrá qué decir para tranquilizarla – le murmuró a Silvia.
_ Ya se fue, hace unos minutos lo vi salir en su moto – respondió la muchacha en tono susurrante y, tenía razón, el profesor había llegado solo para dejar unos libros y había regresado a su cabaña, encontrándose con Romina quien ya estaba calmada.
_ Me perdonas? – preguntó Johnny acercándose a su novia mientras esta lo esperaba con los brazos cruzados – Dime que sí – decía él a la vez que rodeaba su cintura con sus brazos – Te amo, no me gusta que estemos peleados.

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