Mi profesor ~ Capítulo 28

Mi profesor 
_ Rose, ven, apúrate! – gritó Marta al ver a su amiga entrar a la habitación. La muchacha se acercó rápidamente a la cama de Deziré donde se encontraban sus demás compañeras – Te imaginas lo que haremos este fin de semana? – preguntó ella riendo mientras rebotaba a causa del movimiento que hacía producto del entusiasmo.
_ Es cumpleaños de Deziré y la señorita recién nos comunica – añadió Anna fingiendo molestia.
_ Es que ustedes no me lo preguntaron así que ni forma de contarlo – explicó la muchacha.
_ Pues, como decía – retomó Marta – Este fin de semana nos iremos a Ibiza! Ya Silvia sacó el presupuesto – indicó a lo que su amiga mostró el cuaderno – Nos alcanza a todas así que solo necesitaremos el permiso, qué dices?
_ A mí me vendría muy bien, necesito respirar fuera de esta cárcel! – exclamó Rose.
_ Pero eso sí, sin noviecitos eh! – pidió Silvia casi rogando a lo que las chicas rieron.
El dinero ya estaba recaudado. Marta se había escapado aquella misma noche en compañía de Silvia mientras Deziré cuidaba que nadie las viera para comprar los boletos de avión. Ahora lo único que faltaba era que los permisos fueran otorgados. Para Anna y Silvia no fue difícil pues no había cosa que sus padres no les negaran; el abuelo de Deziré no aceptaría jamás así que lo único que podría hacerse era fingir un viaje obligatorio por parte de la escuela; Marta optó por pedirle el permiso a su padre pues su madre si quiera la escucharía así que luego de llamarlo, este contestó que sí. Solo faltaba Rose quien optó por esperar el mismo día del viaje pero, al llegar el momento, su padre le dio la negativa…
_ No te dejaré viajar sola! – gritaba él mientras su esposa lo sujetaba del brazo pidiéndole que bajara la voz – Y ya he dicho mi última palabra, no quiero que viajes! – añadió saliendo del comedor, dejando ver el reloj tras él que confirmaba las sospechas de Rose. Hacía diez minutos que el avión había partido con sus amigas en él y es por eso que su celular había estado vibrando de forma tan insistente en su bolsillo.
_ Rose, comprende a tu padre por favor. Yo trataré de convencerlo – le pidió Angela, la esposa del padre de la muchacha – Yo intentaré hablar con él para que cambie de opinión.
_ Y ya para qué si el avión ya partió? – cuestionó Rose sollozante cayendo rendida sobre una silla.
_ Si consigues un boleto, yo te doy el permiso – intervino su abuela con una dulce sonrisa – Apúrate! O prefieres quedarte sentada llorando? – añadió sin que Rose lograse creer lo que escuchaba – Luego yo me arreglaré con tu padre. Tú ve y diviértete con tus amigas – le dijo a lo que la muchacha la abrazó fuertemente para luego besar su mejilla y subir corriendo a su habitación para llamar en busco de algún boleto para el siguiente vuelo pero fue en vano, estaban agotados. Aún así, Rose tomó sus maletas habiendo pedido un taxi previamente.
_ Así que conseguiste los boletos – dijo Angela entrando a la habitación de Rose.
_ No – respondió – Iré tirando dedo en la carretera. Me tardaré un par de horas mas de lo normal pero llegaré.
_ Qué? No Rose, es muy peligroso! No puedes hacer eso!
_ Tú solo no digas nada – le pidió Rose sonriendo – Estaré bien. Cuando llegue te llamo, vale? – se despidió saliendo de su habitación para depositar un beso en la mejilla de su abuela y subir al taxi que la esperaba en la puerta. Este mismo auto la dejó en la carretera donde se pasó cerca de media hora levantando la mano sin éxito alguno. No pasó mucho tiempo cuando una moto se detuvo junto a ella. Era Johnny.
_ Qué haces aquí? – preguntó Rose extrañada dado a que no creía en las coincidencias

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