Mi profesor ~ Capítulo 35

Mi profesor 
_ Le aconsejo que no haga eso. Ni usted ni yo debemos intervenir. Además, primero debemos saber qué es lo que ella hizo..
_ No hay justificación para esto – interrumpió Johnny – Qué no ve en qué condiciones está Marta?
_ Deje de cuestionarme, profesor y le prohíbo terminantemente que intervenga en este problema, me entendió? – respondió el director – Me entendió? – repitió de forma enérgica pero Johnny no contestó. El director miró a Marta, sonrió al ver el cabello que Rose trataba de emparejar en vano y luego se retiró.
_ Le harás caso? – le preguntó Rose a Johnny.
_ Claro que no – respondió él – Ven, vámonos Marta – le dijo sujetando de la mano a la muchacha que sonrió aún sin saber en qué estaba pensando su primo. Ambos salieron corrieron sin escuchar los gritos del director para que se detuvieras, subieron a la motocicleta estacionada en la entrada del internado y salieron de él rumbo al salón de belleza más cercano donde una amable mujer se encargó de cortar el cabello de Marta de forma rápida, quedando mucho más hermosa que semanas antes, borrándole aquella marca de tristeza para sustituirla por una amplia sonrisa.
Mientras tanto, en el internado las chicas estaban preocupadas pues empezaba a oscurecer y no había señal alguna de Marta, peor aún que en el descuido por imaginar el paradero de su compañera, Anna desapareció también. Rose decidió salir a buscar a esta última encontrándose con una angustiante escena: Anna permanecía con la mirada fija al agua en la piscina que parecía invitarle a zambullirse en ella, sumergiéndose hasta el más profundo rincón en ella con el propósito de no salir más. Sin pensarlo dos veces, la muchacha avanzó hasta el borde de la piscina y en un solo movimiento se lanzó en ella a sabiendas que las piernas no le responderían.
_ Anna! – gritó Rose sintiendo como las palabras se ahogaban en su garganta – Anna! – repitió lanzándose al agua para sacarla de allí mientras su amiga trataba de soltarse.
_ Déjame! Déjame! Por qué me sacaste? Quiero morirme! Déjame morir! – gritaba Anna sin dejar de llorar. Luego de ello, ambas quedaron en silencio, era el momento indicado para que un abrazo dijera más que mil palabras. Rose lloró al igual que su amiga pero, siempre en silencio. Cuando por fin se había calmado, ayudó a Anna a retornar a su silla y luego de limpiar su rostro la llevó hasta su habitación, la acostó sobre la cama y se sentó frente a ella para esperar a que durmiera. Para cuando regresó a su habitación ya Marta había regresado pero todas se encontraban durmiendo.
A la mañana siguiente, Romina llegó muy temprano hasta la oficina de Johnny…
_ Qué haces aquí? – preguntó él fríamente.
_ Quería decirte que todo fue culpa mía, que te terminé hostigando a causa de mis celos – contestó ella acercándose a él arrepentida – No te pido que regresemos, solo quiero que seamos amigos nuevamente y si luego decides que no quieres nada conmigo, está bien. Aceptaré tu decisión.
_ No piensas reclamarme?
_ Claro que no, solo quiero otra oportunidad – contestó Romina – Es mas, te invito a cenar a mi casa!
_ No lo sé, Romina – titubeó Johnny.
_ Por favor, Johnny – interrumpió ella acariciando su rostro – Te repito que es sin ningún compromiso – agregó tomando su mano. En aquel mismo instante, Rose irrumpió en la oficina deteniéndose abruptamente al ver lo junto que ambos se encontraban…
_ Perdón que interrumpa pero es algo muy importante – se excusó Rose claramente fastidiada.

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