Mi profesor ~ Capítulo 39

Mi profesor 
_ No! – detuvo Marta a Rose que hacía un ademán por seguir a la muchacha – Déjala, ya veremos como tomaremos esa cinta. Cuentas con nosotras – añadió tomando de los brazos a su amiga que continuaba con el rostro desencajado pues, por el momento, no tenían otra opción más que obedecer los pedidos de Diana – Además…lo que tienes que contarnos es cuando te hiciste novia de mi primito, cuando te besó, cuándo te acarició.
_ Sí! – exclamó Deziré entusiasta.
_ Cómo se te declaró? – preguntó Anna.
_ Ya! Tshh! – las calló Silvia – La están estresando con tanta pregunta – agregó mientras Rose sonreía.
_ Pero es que yo quiero saber cuándo la puso contra la pared! – exclamó Marta soltando una carcajada al igual que las demás.
_ Bueno, empezamos a salir hace poco y, no…no se me declaró, simplemente se dieron las cosas.
_ Qué te hizo? Te besó, te acarició? – interrumpió Marta.
_ Al principio quería negar que me gustaba – continuó Rose a pedido de sus amigas – Hasta inventé que no me gustaba y todo eso pero, luego no pude seguir mintiéndome porque estaba enamorada de él. No pude resistirme a tu primito, Marta! – exclamó Rose imitando la voz de su amiga que empezó a reír con las demás.
_ Es que eso viene de familia – respondió la muchacha sin dejar de reír para luego continuar la conversación con sus amigas. No pasó mucho rato cuando Anna se dispuso a regresar a su habitación pero, en el camino a ella dirigió su mirada al salón de danza donde hacía solo unos meses ella había sido la mejor alumna de aquel curso, provocando inclusive que la profesora la invitara a formar parte de su elenco pero todo esto se veía trunco con el recordar que se encontraba derrotada en aquella silla de ruedas que fue guiando hasta ingresar al salón. Al verse en el inmenso espejo la muchacha sintió la necesidad de hacer otro esfuerzo mas por ponerse en pie sin necesidad de ayuda pero, como en otras oportunidades, cayó al suelo sin evitar llorar desconsoladamente…
_ No, no, no – dijo Diana a la vez que entraba al salón sin dejar de reír – No me digas que querías bailar – continuó sin borrar aquel gesto de su rostro mientras tomaba la silla de ruedas.
_ Lárgate! Déjame sola! – gritó Anna sollozante cubriéndose el rostro con sus manos.
_ Es que, la verdad no te entiendo – respondió Diana – No vas a caminar, estarás postrada eternamente en esa silla, métetelo en la cabeza – añadió de forma burlona aumentando con ello la impotencia en Anna que intentaba en vano cubrir sus oídos para no escuchar mas a la muchacha que la rodeaba con aquella silla de ruedas como si la tratase de atropellar.
_ Qué haces idiota? – reclamó Rose irrumpiendo en el salón a lo que Diana giró soltando la silla – No la molestes mas, lárgate de aquí, lárgate! – le ordenó empujándola de manera agresiva hasta la salida para luego cerrar la puerta violentamente – Estás bien? – le preguntó a Anna pero ella solo atinó a llorar desconsoladamente. Aquella forma cruel de martirizar a su amiga había llegado demasiado lejos, le comentaron a Johnny lo sucedido al igual que a Orlando pero fue este último quien se aventuró a poner en su lugar a Diana. Fue el día de salida de las estudiantes cuando el muchacho estacionó su auto en la puerta principal, bajando de él estrepitosamente para dirigirse a Diana que se encontraba al frente del edificio con sus amigas. Al verlo, la joven sonrió recordando que alguna vez habían salido juntos…
_ No me toques – la empujó Orlando cuando esta intentó abrazarlo a manera de saludo – Solo vine a decirte, mas bien a prohibirte – enfatizó – Que te metas con Anna, ella es mi novia y no permitiré que ni tú ni nadie la lastime. Me entendiste? – acabó de decir el muchacho dando media vuelta sin notar que había humillado a Diana frente a sus compañeras y al grupo de Rose que presenciaba el espectáculo. La muchacha no lo pensó dos veces y de manera impulsiva corrió hacia el coche de Orlando que aún estaba encendido.

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